Críticas
- Lic. Luis Fajardo Korea
- Clara Astiasarán
- Victor Hugo Murillo
- Virginia Bolóz
- Leticia Taboada
- Jorge Crespo
- Nadia Chaviano
Universos y Huellas
Premio Omar Dengo, UNA-2009Karen Clachar hará la apertura de la Cátedra Dr. Francisco Vargas Vargas y a la Semana Académica de la Sede Regional Chorotega, Campus Liberia, Universidad Nacional DE Costa Rica, el lunes 19 y el martes 20 de abril del 2010.
Este año tuvimos la dicha en contactar personalmente con la talentosa y singular artista costarricense,
Karen Clachar Seravalli (1967). El primer encuentro fue en el Café Liberia y el segundo en mi casa, donde
junto con mi familia, compartimos durante varias horas.
Al final de tan enriquecedora tertulia, me obsequió un ejemplar de su instalación de Ejército de Sabaneros de barro.
Posteriormente, ha sido fluida la comunicación mediante el teléfono y el correo electrónico,
una de las maravillas comunicativas de la modernidad.
De mi parte he dejado en sus manos lectoras varios ejemplares de mis libros.
Ha sido importante valorar su obra, antes de conocer a la artista cosmovisionaria que habita en Karen, un espíritu apasionado con su quehacer holístico,
pero enraizado en su ser telúrico.
Las propuestas artísticas de Karen Clachar son variadas: pintura, fotografía,
videoarte, arte público, objetos/escultura, gráfica, también es, gestora y promotora cultural, así como dedicada
a la acción social.
Sus entregas estéticas, entre otras, se denominan: Huellas de una herencia, Camisetas amarillas,
Soy parte de una herencia (Pañuelos escritos por el pueblo), La Casa de Vico, Lunas Blancas, El Puente Real,
Casita Rosada, Cada gota cuenta, Estampa huellas de personajes, sabaneros y cocineras, Apiñando huellas, Not
for Sale, Ejército de sabaneros o Encuentro con la sombra.
Es importante, en la personalidad artística de
Karen Clachar, su profunda fe en cuanto realiza. Su misticismo raigal, como una manera de reafirmar y reconfirmar
sus vivencias, con el ánimo de recuperar y arrebatarle al olvido la herencia que se nos está yendo, por desidia,
ignorancia o falta de compromiso.
Su bachillerato en publicidad se acompaña de estudios sobre arte y fotografía,
tanto en Costa Rica como en Pasadena y Boston. Ha realizado exposiciones individuales en Costa Rica, Estados Unidos,
España o Francia.
Asimismo, su obra ha sido seleccionada para exposiciones colectivas en Costa Rica, Argentina,
Colombia, Francia, Panamá o México. Ha realizado diversas intervenciones de arte público.
Entre sus reconocimientos,
el MCJD ha declarado de interés cultural su proyecto Huellas de una herencia. Obtuvo el premio Volcán de oro, en el marco
del Día Internacional de la Mujer en el 2006. En otras actividades, ha sido Presidenta del Hogar Siembra y ha sido directora
de VALOARTE y miembro del Comité de Arte del Costa Rica Country Club. Miembro honoraria de la Cámara de Turismo de Liberia (Calitur).
Esposa y madre de dos hijos. Su padre, Álvaro Clachar; su madre, Ida Seravalli; su hermano, Adrián y sus hermanas Ericka y Arlín.
Clachar Seravalli dignifica y legitima a los principales actores de la historia del Guanacaste Eterno,
como una desestructuración del anonimato.
En esa línea, Karen sostiene que por ser Guanacaste un destino de la inversión
extranjera ha creado un documento visual sobre el “patrimonio intangible e innegociable”, de ahí su intervención NOT FOR SALE (No se vende).
Lunas blancas es una intervención estético-poética. Ella ve las lunas como un viaje arquitectónico, histórico y cultural.
La Casa de Vico es una provocación procesual, que cumple tres años de haberse iniciado.
Es la casa de sus padres y la empapeló con fotos, artículos, poemas, documentos históricos, culturales y de la vida social de Guanacaste,
que aportó el mismo pueblo. Con alguna frecuencia, me contó Karen, que actualiza los papeles en las paredes de la casa familiar, que se ha
convertido en un sitio diferente por visitar. Su audacia artística la llevó a forrar el Puente Real de Liberia, que data de 1907,
con 2000 metros de papel blanco. Con ello creó una conciencia patrimonial, cuando hay voces políticas que desean derruirlo.
La crítica ha evaluado muy bien la trayectoria artística y la visión estética e innovadora de Karen Clachar.
Clara Astiasarán ha escrito una de las críticas más completas sobre ella. Astiasarán aduce: “La artista sabe que, más que el registro fotográfico
del árbol y la imagen de su grandeza, el acto del arte estuvo –y siempre ha estado- allí, en esa recreación contemplativa en diálogo
con la Naturaleza (...) La sombra es sólo algo que sucede y se da, no se define ni se construye… y que somos además parte de ella”.
Rocío Fernández expresa: “En el paisaje de las artes visuales, Karen y su obra –como una unidad- son objeto de estudio antropológico
por su poderoso impacto social”.
Sé que la presencia de Karen Clachar al iniciar la Semana Académica del I Ciclo lectivo 2010 de la
Universidad Nacional, será un encuentro muy interesante con jóvenes universitarios, toda vez que sus propuestas parten de una singular
cosmovisionaria que concuerda con las rupturas y el desapego de las normas convencionales de gestión cultural contemporánea.
Nuestro agradecimiento a las autoridades institucionales de la Sede Regional Chorotega, por respaldar la presencia de Karen Clachar Seravalli,
artista de alto vuelo, innovadora, apasionada y comprometida por la recuperación de la memoria identitataria del Guanacaste que no queremos dejar
que se nos suelte de las manos y los asedios constantes a los que debe enfrentar, con el decoro de la sombra del árbol que escucha y pone atención
a todos sus movimientos.

Un sabanero de barro
Cuento y fotografía de Karen Clachar Seravalli
¿Será posible todo lo que contaban mis abuelos? Se preguntó el hombre.
Buscó y buscó, pero al tal sabanero nunca encontró.
Entre cuadraciclos, carros y aviones, la imagen de este personaje jamás apareció.
Entre rótulos y vallas gigantes de carretera, mediante letreros de NOT FOR SALE,
intentaba buscarlo en la sabana, pero con desilusión constató que ya quedaban pocos árboles provincia;
asimismo, lo del sabanero seguro había sido una leyenda, un relato producto de la imaginación.
Anheló, entonces, haber nacido en aquellos tiempos, cuando existía cierta magia, un mundo lleno de
fantasía y personajes maravillosos que cobraron vida en su momento.
Fue así cuando un día, muy entusiasmado, se levantó, ya hecho hombre y decidió buscar entre los libros acumulados en el tiempo,
para ver si dicho sabanero existía realmente.
¿Si era tan importante, por qué nunca fue declarado símbolo nacional? Se dijo.
Cayó en el vacío, pues nunca lo encontró. Confirmó así que ese personaje maravilloso que lo había inspirado muchas veces,
era producto de un ingenioso cuento de sus abuelos,
una fabricación más entre tantas que le habían contado.
Sin dudarlo un segundo más, se ingenió un traje de barro y pretendió ser sabanero por un día.
Se puso un sombrerito que no sabía si era de paja o de lona, un pañuelito que dudaba si ponerlo en el sombrero o amarrarlo detrás
del pantalón. Se guindó un cacho carbolinero, porque le encantaba, aunque sabía que ya no le daría uso, pues no había ganado por curar.
Tuvo que ponerse botas y polainas, puesto que ya no se acostumbraba andar descalzo. Se amarró un mecate y decidió no ponerse el mampán,
pues no había animales por espantar.
Caminó por calles pavimentadas y desconocidas, hasta encontrar un lugar semejante al que estaba pintado en sus cuentos infantiles.
El azul del cielo, el olor a sabana, el verdor del pasto y el amarillo paja–semilla, lo hicieron detenerse en
aquel lugar.
No podía creer que, finalmente, tenía de frente, un árbol de Guanacaste, del que tanto se hablaba en la provincia.
El árbol con orejas, que dio nombre a su provincia, el árbol padre, el árbol sombra, árbol fortaleza, en fin, el árbol que escucha.
Fue a su encuentro para contemplarlo, vivirlo y adorarlo.
Antes de que el sol se pusiera, se despidió de aquel personaje, símbolo nacional, que se imponía y parecía hacerse cada vez más grande.
Aun cuando era de color gris, estaba solo, aún deshojado, no había visto nada igual en mucho tiempo.
Solo, ante la magnificencia de aquella figura, prometió repetir esta historia a sus hijos, nietos y bisnietos, hasta quedar sin aliento,
hasta volver al barro.
Se fue de vuelta, ya oscuro, por la calle pavimentada. Agradeció a Dios aquel momento de grandeza que le permitió vivir:
ser sabanero por un día y estar a la par del árbol que aún hoy le escucha.
Su alma de niño, entonces, volvió para siempre al alma del hombre.
Espero que el acercamiento a esta nueva faceta de producción cultural de Karen Clachar Seravalli sea el inicio de una incursión sostenida
con el arte narrativo. El cuento incluido lo escribió en este primer trimestre y, a solicitud mía, es una entrega exclusiva.
Asimismo, Karen Clachar ha creado una bellísima portada para mi antología poética CASA GUANACASTE (1980-2010),
que será editada este año. Su creación se titula Árbol Padre. Será su honrosa presencia artística en nuestra producción literaria.
Sin duda, un acercamiento amasado con el espíritu ancestral del árbol nación que nos cobija.
La comunidad guanacasteca queda invitada el próximo lunes 19 y martes 20 de abril, de 8 a 9 a.m., en el Parque Héctor Zúñiga Rovira y el árbol
de Guanacaste situado ahí, donde Karen realizará su Tercer encuentro con la Sombra, para lo cual habrá 200 tarritos llenos de cal, cada persona
se ubica en un lugar diferente de la sombra y se le asigna un área, demarca la orilla de la sombra y luego la rellena, aunque la sombra se corra.
Lo que no se termina se repite el siguiente día a la misma hora.
El lunes 19-4-2010 en horas de la tarde, en un auditorio del Centro Plaza Liberia, a las 3:30 p.m..,
Karen Clachar disertará, con apoyo audiovisual, acerca de su trabajo artístico integral.
Compartir su universo artístico será una cita impostergable con el arte sin ataduras, porque su
propuesta ética y estética nos invita a unirnos a sus proyectos, desde los estadios espirituales sin fronteras,
pero con la certeza de haber sido creador por una talentosa artista que avanza inexorable en el cielo artístico desde el Guanacaste Eterno.
Dice la verdad quien dice sombra.
(Notas sobre el sentido en la obra de Karen Clachar)
Cada acto es una obra de arte.
Joseph Beuys
Habla-
pero no separes el No del Sí.
Y da a tu decir sentido:
dale sombra.
Paul Celan
En un texto fundacional sobre la curaduría –escrito por el brasilero Ivo Mesquita– se definía el papel del curador como una suerte de cartógrafo: “que organiza conjuntos de significantes desordenados, estableciendo direcciones y marcadores... no revela sentido (significación) sino que la crea (significante)”. Esta categoría puede ser aplicable a la producción artística, cuando esta supera meramente la elaboración de ‘objetos de arte’ hacia la instrumentación de un discurso más pretensioso en términos culturales, como es el caso de la ‘confección’ de una ‘nueva historia’.
Una producción en este orden –construida a partir de retazos, de fragmentos heterodoxos sin un orden cronológico preestablecido, ajena a un papel transcendental en la historia oficial– es identificable en el modus operandi con que Karen Clachar (Costa Rica, 1967) ha desarrollado su proyecto Huellas de una Herencia en la provincia de Guanacaste. Este recibió la Declaratoria de Interés Cultural por parte del Ministerio de Cultura y Juventud en el 2007.
Así la memoria histórica se traduce como eje transversal de la obra de Clachar. Al mismo tiempo deja claro que el papel del arte –y del artista– no radica en una (re)construcción de esta memoria desde la perspectiva del historiador, del sociólogo o del antropólogo. En su caso se ilustraría mejor desde esta representación subjetiva que apunta Mesquita: un cartógrafo. Su detenimiento estético es la elaboración de un mapa simbólico-afectivo-histórico de algo que es, a la vez, temporal y geográfico: el lugar donde se nace.
Natural de Guanacaste, provincia al norte del país, limítrofe con Nicaragua – y que alguna vez formó parte del territorio de esta república– Clachar sabe que la ambigüedad geográfica ha enriquecido el patrimonio cultural del guanacasteco, aportando elementos que se confunden en su propia noción de límite y territorio. De esta manera la vindicación del patrimonio –tangible e intangible– de la zona, se convirtió en el pretexto para discursar sobre los estereotipos y modos de representación de ‘un lugar’ que ha sido definido como una especie de “Plantación Paraíso” . En un distanciamiento de lo legitimado en las instancias oficiales, es que Clachar encuentra la materia prima para hilar un nuevo tejido histórico, instituido en una serie de personajes, elementos y tradiciones de la cultura popular de la provincia. El sabanero, las cocineras, las retahílas, las bombas –amalgamados en la ‘no poca’ perversión del discurso artístico, que estetiza cualquier relación con el mundo– son parte de esa totalidad fragmentaria que se traduce, de una manera “otra” para el contexto del arte, de la mano de Clachar.
El trayecto de esta artista en el circuito del arte contemporáneo centroamericano podría definirse como intenso. Hace apenas unos años atrás su obra se circunscribía a lo pictórico –como modo de ejecución– y su trabajo exploró el realismo, el expresionismo y la abstracción. En el tránsito, que va de la expresión a formas menos definidas, quedó atrapada por las posibilidades discursivas de la gráfica, que la acompaña de forma paralela en la actualidad. Los que han escrito de su trabajo tienden a crear un divorcio entre esta etapa anterior y la que hoy se vislumbra en su carrera, con mayor incidencia en la esfera pública. Sin embargo la obra pictórica y gráfica de Clachar evolucionó hacia el lugar del ‘entredicho’ o ‘ambigüedad de lo representado’ que más tarde cobra absoluto sentido como terreno esencial de su propuesta.
La inspiración, si este término tuviese aún privilegios en el lenguaje del arte, vino no sólo de la convivencia con el legado cultural de Guanacaste, sino también con el universo mismo de lo artístico, donde Clachar ha destacado la influencia de la obra de Joseph Beuys. El maestro alemán, padre de Fluxus, encontró en el performance lo que Clachar en su accionar público, una especie de gesto chamánico que potencia la capacidad de diálogo con el contexto inmediato y la transformación que produce en el propio sujeto del arte.
En un tiempo en el que se ha producido una liberalización del arte , según ha apuntado el filósofo Arthur Danto, se abren múltiples posibilidades creativas pero, antes que nada, domina una suerte de estética táctica. Parte de esa estrategia está en la representación de lo conocido y en la motivación pública de ese gesto. La politicidad de la obra de Clachar, lejos de las contiendas de lo panfletario, introduce el anonimato de la mirada como columna vertebral de esa disolución autoral que sucede en la esfera pública. A la vez, la artista juega con los roles que le otorga el poder movilizador con el que ejecuta sus propuestas.
Como los artistas Rickrit Tiravania y Domingo Sánchez Blanco , Karen Clachar “alimenta a las masas”, en un momento en el que las intervenciones en el espacio público van transformándose en anécdotas a la manera del barroco, que más que nada desconciertan o producen hilaridad. Pero algunas de esas propuestas consiguen sobrepasar la “pose” para convertirse en ceremonias, “rituales” en los que se genera experiencia y, sobre todo, se escapa de la rutina meramente estética, de esa hibernación pavorosa en la que están localizadas muchas obras de arte público, sin contextualización y coincidencia con el escenario que las motiva. Entre lo ya dicho y lo inaudito surgen lugares, intersticios, que nos reclaman, un rumor que dice “ven”, sea a edificar algo o a (de)construir lo que nos limita. En definitiva, un estar juntos.
Este principio domina su trabajo. Sus provocaciones en el contexto público van desde propuestas que traducen una ‘falsa ingenuidad’ como los eventos de Bombas y Retahílas y las tomas de Huellas de los principales actores de la localidad (sabaneros, cocineras, entre otros); donde lo comunitario se maneja entre el estereotipo, el cliché y la dignificación de ciertos roles. Pasan luego por la ‘ilusión’ de una construcción colectiva como el mural histórico que es el disfraz de La Casa de Vico (muestra del devenir histórico-cultural de la provincia) implementado como un work in progress o la escritura de Pañuelos con experiencias, historias, versos e imágenes de la zona. Hasta que finalmente el gesto político se va tornando más explícito con proyectos como NOT FOR SALE (una campaña de recuperación de los emplazamientos que tiene importancia desde su perspectiva histórica y vivencial de Guanacaste) de donde se desprende la adhesión a partir de la donación de la huella dactilar de todos los involucrados, insistiendo en la identidad como factor colectivo, mezcla de disolución, pertinencia y anulación de la misma. Todo reclama ese ven, sé parte de esto que es desordenadamente nuestro.
Es, entre otras cosas, en ese desfallecimiento progresivo del espacio público donde hay que localizar el origen de este omnipresente narcisismo que caracteriza a la sociedad actual , siendo casi inaudible la demanda de lo esencial que Clachar acaba por asumir. De ello se vale la artista para la asunción de esta restitución de lo público desde el emblemático sentido de la pérdida. Como la recuperación de la memoria del sujeto es la virtud del psicoanálisis, la virtud del arte de Clachar radica en esta restauración de una “memoria colectiva”.
La obra de esta artista extiende un manto de protección, cuyo tejido es lo suficientemente accesible, que no hace otra cosa que perpetuar la idea de un rey desnudo. Es en su elección, en su gesto de vestirlo donde el exhibicionismo cobra sentido sobre lo que nunca ha dejado de estar ahí: un árbol, un cacho carbolinero, la tierra misma. La artista obnubila la reconstrucción de la verdad como ‘real’, para asentarla desde una dimensión ‘ética’ de la verdad.
La certezas son sólo un espejismo de lo que todo es –o era– y son, a la vez, ese ejercicio perturbador de la duda: ¿será mi imagen del sabanero, un sabanero? ¿será una foto de un árbol, un árbol?, ¿será la impresión de una huella, una huella en sí?. Allí es donde se destruye el relato monopolizador de la historia, para que Clachar construya su gran metáfora: la sombra nunca miente, es “una verdad” en continuo desplazamiento. La sombra es el síntoma de eso que dejamos detrás, de lado, nuestra propia proyección en el mundo. De alguna manera en su intangibilidad está el grado superior, el grado cero de la huella: aquella que acude sin ser invitada.
La impresión de los pies de ciertos personajes en cemento, construyendo un vertebrado nuevo; apilados estéticamente, como dejando entrever que están pero que importa su masa, no su individualidad, son otra huella traicionada. Los cachos carbolineros en alegoría a la modernidad, simulan una escultura a partir de algo cuyo uso y esencia formal es pre-moderna. Un ejército de sabaneros, en vindicación de la alfarería como gesto primigenio del hombre ante el barro, es contrapunto con la tecnología que despliega el trabajo fotográfico de la artista. Un horno que no es ya más un horno. Una huella que es sombra y espejo y otra vez huella, luego de un proceso de asimilación del proceso artístico. ¿Clachar miente, o es sólo que la verdad de lo que retrata o representa es tan adversa y diversa que es ‘irrepresentable’?
La última vez que supe de Karen Clachar, antes de concluir este texto, estaba frente a un árbol de Guanacaste en medio del paisaje soleado de una sabana en Liberia, a principios de abril. Colocaba asimétricamente, con paciencia, durante dos días, alrededor de veinte mil chorejas (semillas del árbol) reproduciendo las líneas efímeras de la sombra, que en su impertinente devenir se alejaba mientras la artista trataba de atraparla. Clachar había descrito este gesto, a priori, como ‘encuentro con la sombra’. Robert Smithson quien es, sin duda, el artista que mayor influencia ha tenido en la reconsideración de la relación con la Naturaleza, un término por el que no tenía precisamente simpatía, dado que para él se trataba simplemente de otra ficción del siglo XVIII; prefería el término tierra (earth), algo más concreto, confuso, sujeto a cataclismos, capaz de generar en el sujeto una suerte de melancolía. El Earth Art –como lo llamó– encontró sus mejores emplazamientos en lugares que habían sido perturbados por la propia industria, la urbanización incontrolada o la devastación propia de la Naturaleza: los emplazamientos más humildes o incluso degradados, constituyen un reto para el arte, y una mayor posibilidad de estar en soledad.
De alguna manera el caso de Guanacaste emula esta pulsión, una estética del desamparo en la quedó de forma estereotipada su sabana o su símbolo fundamental –el árbol de Guanacaste– confundido insistentemente con otros, lo que sugiere una especie de confusión histórica. El árbol que da nombre a la provincia, debe el suyo a la etimología de dos vocablos aztecas que se traducen como “el árbol que escucha” (por la forma de oreja de sus semillas). Este aporte desde el territorio de lo simbólico insiste en el silenciamiento de algo o alguien que ha estado más destinado a oír que hablar. A ser relatado, más que relatarse a sí mismo.
Es cierto que el arte degenera cuando se aproxima a la condición de jardinería, especialmente cuando no repara en la conciencia de clase o ideología que esos lugares comportan. Advertimos una oposición clara entre las earthworks smithsonianas y el jardín inglés: “No son accesibles; no existen para el placer o la evasión; son explícitamente entrópicas en vez de crear la ilusión de eternidad; implican una crítica teórica del humanismo que es esencial en la estética del jardín” . Clachar, al modo de un Smithson se adentró con su “Guanacaste” en lo que llama los problemas abismales del jardín, que no entiende como un lugar utópico o paradisíaco, sino como un ámbito en el que puede surgir lo adverso, perdido aquel ideal del ‘jardín de la virtud’. Clachar nos aleja por un momento de nuestro destino, los torture gardens. Cuando los jardines históricos han sido reemplazados por los sitios del tiempo o, en términos más crudos, por los basureros, existe una especie de paisaje emancipador. Un paisaje con voz propia, que se cansa de ser solamente el soporte del discurso externo y pretende en toda su grandilocuencia formal, hablar de sí mismo. Una nueva noción del paisaje, de territorio, que está definido por los campos intelectuales de acción que el arte propone, más que por nociones estrictamente geográficas. Podríamos decir que Clachar instaura aquí la génesis de una “botánica política” y de un “paisaje sentimental”.
La artista sabe que, más que el registro fotográfico del árbol y la imagen de su grandeza, el acto del arte estuvo –y siempre ha estado– allí, en esa recreación contemplativa en diálogo con la Naturaleza (en su acepción más amplia). En ese regreso al espejo, la historia y la costumbre, incluso la sana costumbre de escuchar a otros. Como un cartógrafo, Clachar une las partes y hace un mapa personal, que nunca es todo sino “la suma de muchos, pequeños, insignificantes e invisibles” algo. En esa edificación mítica, ese dibujo sin contornos específico que es su mapa de Guanacaste, dedujo que la geografía es tiempo. Pues supo que la sombra es sólo algo que sucede y se da, no se define ni se construye… y que somos además parte de ella. Los axiomas no son, nunca, suficientemente viejos.
Todo esto que ya sabe lo traduce Karen Clachar en arte. Parece inevitable.
Inevitable como la verdad. Inevitable como la sombra.
Clara Astiasarán
Santa Ana, Costa Rica, abril de 2009, D.C.
Este título es un verso del poema Habla también tú… de Paul Celan. (Celan, Paul. De Umbral en Umbral. Madrid: Ediciones Hiperión, 1999, p. 48)
Mezquita, Ivo. Cartographies (catálogo) Winnipeg Art Gallery. 1993, p.20
Plantación Paraíso es el nombre de la pieza que propuso Joseph Beuys para la Documenta de Kasel de 1982. Se trataba de la plantación de 7000 robles, un proyecto en diálogo con la ecología y con el repoblamiento forestal de la zona.
Danto habla de cómo los artistas hoy no tienen que seguir una línea histórica correcta: “Pero una vez que el arte hubo acabado, podías ser pintor abstracto, realista, alegórico, metafísico, un surrealista, un paisajista, o un pintor de naturalezas muertas o desnudos. Podías ser un artista decorativo, un pintor literario, un anecdotista, un pintor religioso o un pornógrafo. Todo estaba permitido, ya que nada estaba mandatado históricamente” (Danto, Arthur C. Beyond the Brillo Box: The visual arts in post-historical perspective, University of California Press, Berkeley, 1992, p.9).
Desde hace más de una década, el artista de origen argentino Rirkrit Tiravanija produce happenings para que el público participe activamente en ellos. Son situaciones o ambientes que cuestionan los límites entre el artista y el espectador, el arte y las actividades cotidianas, dentro de la llamada “estética relacional”
Domingo Sánchez Blanco es un artista español de reconocido prestigio, que utiliza la provocación como material estético. Su obra se encuentra en las márgenes de lo público y en la afectación de la recepción de su obra.
Derrida afirma que la deconstrucción no es un lugar, no es un sitio que exista realmente, es un “ven”, es lo que llamo una afirmación que no es positiva. ( ...) La deconstrucción no consiste únicamente en disociar, desarticular o destruir, sino también en afirmar un cierto estar junto, “un cierto ahora” (JACQUES DERRIDA: «Dispersión de voces» en No escribo sin luz artificial, Ed. Cuatro, Valladolid, 1999, pág. 175). Hablando de la obra de arte como intersticio social, señala Bourriaud que es “una forma de arte donde la intersubjetividad forma el sustrato y que toma por tema central el estar-juntos, el ‘encuentro’entre el espectador y la obra, la elaboración colectiva del sentido” (Bourriaud, Nicolás: Estética relacional en Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa, Ed. Universidad de Salamanca, 2001, p. 43l).
Giddens, Anthony. Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en laépoca contemporánea, Ed. Península, Barcelona, 1997, p. 216.
Shapiro, Gary. Otros tiempos de la Tierra: jardines, monumentos y sedes. Conferencia dictada en el Seminario “Tiempo, Arte y Arqueologías del Presente”, organizada por el CENDEAC, Murcia, España.
Huellas de una memoria
Víctor Hugo Murillo S.
vhmurillo@nacion.com
Un pueblo que no conoce sus raíces, que ignora su ayer, no entiende ni valora su presente y, mucho menos, podrá hacer algo para preservar su identidad.
Cuando una nación se esfuerza por rescatar su pasado, por estudiarlo, mantenerlo y legarlo de generación en generación no está practicando un ejercicio de fetichismo.
Más bien, afianza las bases sobre las cuales un grupo humano se identifica como tal, se siente orgulloso de ser parte y, a la vez, se distingue de otros.
El acopio de la memoria histórica es consustancial con la supervivencia de una colectividad que se siente unida por valores culturales que le dan sentido de coherencia.
Lo anterior explica la labor que está desarrollando la artista guanacasteca Karen Clachar para que el rico acervo de la provincia no quede en el olvido y nos ayude a comprender cómo se forjó esta tierra.
Ahora, rescate y conservación no constituyen, de ninguna manera, una pretensión de congelarse en el tiempo y negarse a aceptar los cambios que han ido modificando la vida en Guanacaste (nadie, en su sano juicio, puede pretender que la gente se alumbre hoy con canfineras, por ejemplo).
Pero sí es muy importante que la población tenga conciencia del aporte que hicieron todos esos héroes anónimos –llámense cocineras, sabaneros y otros-- para forjar la cultura que distingue a nuestra provincia, donde todavía es posible toparse con el folclor vivo, representado por una retahíla o una bomba, por el vino que en estos meses emerge de las coyoleras, por el vibrar de las marimbas o por quienes desafían al toro ya sea en sus lomos o provistos de una vaqueta.
El progreso económico y el avance tecnológico no son necesariamente excluyentes con la conservación del patrimonio cultural, y prueba de ello la dan los países desarrollados. Mire a Japón y verá cómo el pasado milenario convive con la agitada vida contemporánea.
Además, conviene que sepamos que la historia no es obra solo de grandes personajes ni recuento exclusivo de hechos políticos y militares, como plan- teaba la historiografía tradicional. También tiene como protagonistas a las masas sin nombre, que participan en el quehacer cotidiano y cuyo empuje es vital para la nación.
El trabajo de Karen Clachar merece respeto, apoyo y admiración. Así debemos entenderlo todos los guanacastecos.
KAREN CLACHAR
Rasgando Velos 2002
¨En la pintura de Clachar la frescura se extiende concreta, renovada y natural por la tela sin imponer la responsabilidad de un diálogo unívoco como lo hace el tema o el contenido del arte figurativo. En ella podemos viajar al mundo de los sonidos o al del silencio.
En ella se pueden dar las mas extravagantes invenciones, fantasmales o caprichosas, así como furiosa impetuosidad y audacia en la ejecución. Algunas veces pareciera más el fruto de la casualidad que el de una idea premeditada. La imagen se presenta en la profundidad oceánica para surgir a la superficie en mancha reveladora. En adelante, nuestra relación con la imagen se relativiza, pende de un hilo, al punto de aparecer y desaparecer al antojo de la imaginación para perderse casi por completo en nuestra interioridad sin que jamás ese hilo se rompa.¨
Virginia Borloz, Costa Roca
Master en Literatura
Educadora
Una obra viva en el juego de color, magia y estilo
Leticia Taboada, 2003
Una amalgama de belleza, equilibrio, fuerza y creatividad con fuerte impacto en el color, conjunta al expresar lo subjetivo con lo real, llena con su estilo, una manifestación clara de su pensamiento y compromiso. El colorido profundo de su paleta, la maestría de un pincel en producción sorprendente que su trabajo tesonero nos brinda, es pacaz de despertar grandes emociones, asombro, inteligencia y gran habilidad para comunicar.
Enamorada de lo trascendental de una vocación espiritual, para muchos compleja y polémica, dentro de un mundo selectivo, su arte es un imán que nos atrae y nos hace considerarla única.
"Poder hacer es hacer poder"
"Yo, el supremo"
Augusto Roa Bastos
Algunas veces he pensado que Karen es una intensa voluntad de poder orientada a trabajar por un prestigioso lugar en el mundo. Otras veces, sin embargo, la he percibido aferrada a la pasión por construir una imagen de si misma, escarbando humildemente en los materiales que parecen sugerirle fuerza, ternura o soledad. Como si el poder y la ternura fueran los duendes y la promesa que la empujan a armar el posible autorretrato que le permitiría volar con la ligereza, fuerza y sabiduría de los ángeles.
No es sencillo saber porqué elegimos algunos materiales y deshechamos otros. Porqué los recortamos, manchamos, acariciamos o arrugamos para luego ponerlos a la vista de los demás como documentos de una arqueología íntima. Esto es algo que posiblemente ni el mismo artista lo sepa. Y es por eso, talvez, que se muestren para capturar en la mirada de otros la posibilidad de una respuesta más certera.
Los trabajos de Karen llevan las huellas de un proceso que pareciera abrirse paso desde la caligrafía de una mancha sugestiva hasta los signos aun inciertos de un texto más legible.
Este abrirse paso no solo se apoya en la ilusión de profundidad o en la superposición de colores e imágenes, sino, también, en la directa perforación del papel que sugiere una herida o una ventana abierta hacia nuevas dimensiones de la realidad o hacia nuevas trampas de un lenguaje incapaz de tocar el corazón de las cosas.
Karen avanza a tientas y haciendo uso de todos sus sentidos físicos y textuales. Como un cazador furtivo que ve en los detalles más insignificantes la sintaxis de una realidad más poderosa. El papel se ha convertido recientemente en lo mas próximo..., en lo mas prójimo para realizar la bitácora de su viaje íntimo hacia la bondad y la lucidez.
Jorge Crespo
Junio, 2006
"Karen Clachar, las excelencias de la pintura en voz de mujer"
Master en Arte Nadia Chaviano Rodríguez.
Profesora de la Universidad Central de las Villas, Cuba
2002
En América Latina, se respira en los últimos tiempos una atmósfera positiva de creación artística. Todo apunta hacia un gran esfuerzo liberador que conjuga el interés internacional por el arte Latinoamericano con una mayor autodefinición contextual de nuestra intelectualidad. Se aprecia una plástica empeñada en contrarrestar las limitaciones derivadas de la polarización de las culturas en hegemónica y en popular, de la endeblez de la base material, de la limitación que supone la ausencia de modos originales de producción, distribución y consumo de nuestro propio arte.
La mujer y su relación con la plástica se erigen en un tema quizás perturbador, no sólo para esta región sociocultural sino más allá de este espacio geográfico. Queda un largo camino para asumir con detenimiento los diferentes estudios que en torno al fenómeno se brindan, resultando un aspecto susceptible de investigación con rigor.
La dimensión artística de la mujer ha ido ganando espacios que hasta hace poco le fueron vedados debido fundamentalmente a prejuicios sociales y de género, subvaloraciones y marginalidades. En Latinoamérica de la era postmoderna, el discurso plástico femenino recorre una riquísima variedad de tendencias que van desde la revalorización y la renovación de temas tradicionales, incursiones de altura conceptualista, instalacionismo hasta intervenciones públicas y medio ambientalistas.
Karen Clachar (Costa Rica, 1967) muestra una sólida formación artística y académica. Graduada en Publicidad (Summa Cum Laude) en el Colegium Latinum U. A. C. A. Costa Rica, abarca diversidad de ambientes, desde el diseño, ilustración, técnica de producción gráfica, fotografía entre otros. En New England School of Art and Design de Boston y talleres de disímiles técnicas y materias tanto en Costa Rica como en Italia y Los Ángeles. Acumula participaciones destacadas en significativas muestras colectivas hasta inaugurar con éxito en el 2002 su primera exposición personal “Rasgando Velos” en la Galería Nacional (Museo de los Niños), dedicada al género femenino con una visión plural donde reunió óleos, técnicas mixtas y fotografías.
Esta creadora construye con delicadeza y resolución un discurso dialógico interactivo. Recurre a figuraciones donde conjuga la serenidad de la paz interior con un gesto desafiante en el rostro, en la mirada, inquietándonos soberbiamente su aparente tranquilidad. Se adentra así, en la psicología de sus personajes permitiendo al espectador traspasar su intimidad.
La esencia de la creación es el fuego interior. La espiritualidad es el reconocimiento de lo bello, lo bueno, lo verdadero. Clachar desnuda el alma haciendo que una imagen totalice el instante que lo haga eterno en su fugacidad. Estamos en presencia de una obra de retorno a la contemplación y a los valores intrínsecos de la pintura.
Su más reciente producción pictórica refleja en primera instancia, la supremacía de lo emocional. Nos regala una obra plagada de notoria originalidad que si bien se erige en lógica evolutiva de sus trabajos anteriores, se distingue por la carga conceptual. Refleja en ella no sólo el poder de las ansias, deseos y sueños sino también de los temores, amenazas y ausencias.
Karen Clachar pone en solfa la visión conservadora que muchas veces ha permeado el tema femenino en la plástica, y lo ha hecho a través de una búsqueda incesante del autorreconocimiento como objeto activo del discurso artístico universal y latinaomericano. Hurgando en los procesos pictóricos, esta creadora trasluce en sus piezas, vivencias que liberan a la mujer de cualquier mirada reduccionista. A la vez, desata el alma y el espíritu en cada veladura de color y en cada sugerencia poética.
Para esta artista, la pintura es un ejercicio de entrega pasional donde textura y color se desbordan para conformar una aventura plástica sin igual. El tratamiento de las manchas la acercan al informalismo pero Karen le aporta una personalidad singular, incitando constantemente la imaginación.
Su excelencia plástica se enaltece con la labor que desarrolla con jóvenes en riesgo social. Van de la mano, vuelo artístico y compromiso social. Descorriendo los velos, Clachar nos muestra el camino hacia la liberación y el crecimiento total, protagonizando su discurso, el valor de ser mujer






